jueves, 7 de mayo de 2009

La eterna resistencia de la derecha al cambio

Aunque muchos creyeron en la popular frase de Lavín “Viva el cambio”, la verdad es que su partido y coalición política lo que menos quieren es una transformación, pues afecta de plano sus intereses partidistas.


Agitadas están las aguas en el ambiente político una vez más producto del siempre polémico sistema binominal. La arremetida del gobierno esta semana, que ya había presentado el proyecto el año anterior, para reformar dicho sistema, ha instalado nuevamente la discusión sobre lo injusto y antidemocrático del binominalismo, planteando la posibilidad de cambiarlo.

Sin embargo, los ya reiterados intentos de reformular el sistema electoral por la vía del parlamento son inútiles por cuanto el mismo sistema lo hace imposible. Los parlamentarios de derecha tienen en sus manos la decisión, ya que conforman cerca de la mitad del parlamento, lo cual hace imposible aprobar una reforma a una ley orgánica constitucional del Estado, como esta, debido a que se necesita al menos que 4/7 partes de la cámara lo aprueben.

Para la Alianza por Chile, este es un sistema estable que por lo demás les conviene y están cómodos con él porque este les asegura un puesto en el parlamento. Por otro lado, la Concertación se ve dispuesta a avanzar en una reforma constitucional al respecto, sin embargo, tienen claro que con la situación actual se hace imposible, por lo cual es permisible pensar que esta no es más que una estrategia política, tanto para quedar bien con los partidos de izquierda, especialmente el comunista, como para sacar provechos en virtud de las votaciones que ya se aproximan.

Además, las modificaciones por las que está abogando la coalición oficialista son insignificantes con respecto a la incidencia que tendría la izquierda dentro del congreso. Por lo mismo, esta acción también deja entrever que sus intereses no son el de cambiar el sistema, pues a la luz de todos tampoco les conviene hacerlo, ya que este les asegura, al igual que a la Alianza, un puesto seguro y estabilidad dentro de su coalición.

El jaque mate de la derecha

El sistema binominal fue creado durante el régimen militar de Augusto Pinochet Ugarte. Su gestor principal fue Jaime Guzmán, quien plasmó toda su idea de “democracia protegida” en la Constitución de 1980, dentro del cual el binominalismo era una de sus piezas principales.

Cual tablero de ajedrez, Guzmán se preocupó de ordenar cada pieza en la posición perfecta para dar como ganador a su contienda política: la derecha. En materias fundamentales como la salud, la educación, el sistema previsional y el sistema electoral, todo fue pensado para configurar una jugada maestra en beneficio de ellos y así lo logró.

El procedimiento electoral fue creado con el fin de “estabilizar” el régimen político. Para ello, se implementó este sistema binominal, originario de la República Popular de Polonia, que tiene como fin la formación de un método bipartidista en torno a dos grandes partidos o coaliciones: la Concertación de Partidos por la Democracia y la Alianza por Chile.

El sistema consiste en la elección de representantes para las cámaras del congreso según divisiones electorales (distritos y circunscripciones) a través de las cuales se eligen a dos parlamentarios por cámara. Cada coalición puede presentar hasta dos candidatos y, en el caso de independientes, uno. Son elegidos senadores o diputados a los dos candidatos de una misma lista, cuando la suma de sus votaciones dobla la votación de la lista que les sigue. En caso contrario, salen elegidos los dos candidatos con más votación de cada coalición.

De esta forma, es muy posible que un senador o diputado salga elegido teniendo la tercera mayoría y que el candidato que había sacado el segundo lugar pierda la elección.

Es más, hay casos en que la cuarta mayoría ha asumido un cargo de representación ciudadana. Así es como en las elecciones parlamentarias de 1989, en pleno retorno a la democracia, en la circunscripción de Santiago Poniente, la Concertación llevó de candidatos a Ricardo Lagos y Andrés Zaldívar. Por su parte, la Alianza por Chile, se la jugó por Miguel Otero y Jaime Guzmán. Cada político concertacionista sumó más del 30% de los votos, cada uno, mientras que los de la Alianza apenas alcanzaron el 32% sumados.

Aún con estos resultados, debido a que la Concertación no alcanzó a doblar el número de votos de su más cercana lista, resultaron elegidos Andrés Zaldívar y Jaime Guzmán, con evidente minoría con respecto a Lagos. Pero como Guzmán fue asesinado en el año 1991, Miguel Otero asumió su puesto de senador en su reemplazo. Es así como la cuarta mayoría ejerció como senador durante siete años.

Esto de muestra en forma evidente la funcionalidad del sistema para la derecha, por lo que el panorama es bastante predecible: a la UDI no le conviene ni le convendrá nunca una modificación al vapuleado sistema.

“La derecha nunca va a aprobar un cambio”

Tomás Hirsch, ex candidato presidencial del Pacto Juntos Podemos Más y representante connotado de la izquierda excluida por el binominalismo, piensa que la derecha nunca va a aprobar ningún cambio al sistema electoral. En el mejor de los casos, asegura, aceptará hacerle algunos leves retoques el día que calcule que le puede resultar perjudicial mantenerlo como está actualmente.

Para Hirsch, el sistema electoral debería ser cambiado por un sistema proporcional, en el que los votos recibidos por un partido o coalición se tradujeran en el mismo porcentaje de representación parlamentaria.
Según la opinión del líder del Partido Humanista, una forma democrática e ideal de cambiar el sistema sería mediante un plebiscito, aunque está seguro que la derecha tampoco va a aceptar jamás consultar a la gente sobre sus derechos electorales.

Además, el ex candidato a la presidencia, ve como un mal necesario las alianzas político estratégicas de su pacto con la Concertación, ya que si bien esta no resuelve el problema de fondo, sí permite un leve avance en el quiebre de la exclusión. Sin embargo, su partido ha aceptado avanzar en estas negociaciones sin que esto implique un acuerdo programático ni de ningún otro tipo con la Concertación, solo un acuerdo instrumental electoral.

La estabilidad del sistema

La estabilidad política provocada por el sistema es el principal argumento que esgrimen los parlamentarios de derecha para justificar su rechazo al cambio de este. Darío Paya, senador de la Unión Demócrata Independiente, considera que el binominal ha sido un método electoral que le ha otorgado quietud y seguridad a la política chilena, una estabilidad que según él que no ha tenido Chile en toda su historia previa y que no tiene ninguno de los países latinoamericanos.

Para el secretario general de la UDI, uno de los aspectos claves que provee este sistema, es que los gobiernos asumen con el apoyo de una mitad del congreso que les permite gobernar. Paya argumenta que tanto el presidente Allende, como Frei Montalva y Alessandri, se quejaron de lo mismo, pues llegaban al congreso y siempre tenían la mayoría en contra, los dos tercios en contra.

Entonces, el diputado cree que el sistema binominal le garantiza a la coalición que llegue a los gobiernos, el apoyo de al menos la mitad del congreso, lo que le permite gobernar. Por lo tanto, advierte, la postura de la UDI siempre va a ser la misma, ya que no pretenden, por ningún motivo, sacrificar el sistema que le ha dado “quietud” al país, por que asegura que este proyecto va a tener el mismo destino que otros de la misma línea de cambio constitucional.

Además, el parlamentario considera que la Concertación usa este tema como estrategia electoral y también política, pues quiere hacer un negocio con el Partido Comunista. No obstante, según su visión, la coalición oficialista sólo quiere quedar bien con la izquierda extra parlamentaria, pero en el fondo no tiene ningún interés real de modificar el sistema tampoco.

“Los más perjudicados con el cambio serían los de derecha”

Según Cristian Garay, Doctor en Estudios Americanos, ante la eventualidad de aprobarse un cambio, el sector político más perjudicado sería la derecha, ya que verían reducida su participación en el sistema electoral, por lo que pronostica su llana negativa ante la iniciativa.

Además, recalca que una reforma de este tipo no sería desventajosa sólo para la Alianza, sino también para la Concertación. Dice que, por ejemplo, la Democracias Cristiana perdería muchos votos, por lo que habría que replantear el futuro de la Concertación como coalición política hacia el centro o la izquierda, en el caso de que continúe.

En síntesis, ningún parlamentario, que son los que votan para aprobar o rechazar cambios constitucionales, está realmente interesado en decretar una transformación como esta en el método de elecciones populares, pues a ninguno le conviene. Es más, aunque la Concertación persista con su iniciativa, sea sincera o no, será imposible llevar adelante alguna evolución en el binominalismo, pues la derecha tiene de manera estructural una presencia en el parlamento que le permite rechazarlo, estructura otorgada por el mismo sistema electoral.

Mientras tanto, sólo queda esperar a ver si en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias de diciembre, la ciudadanía manifiesta alguna posición con respecto a la aparente voluntad de la Concertación y la sistemática negativa de la UDI a cambiar el sistema electoral. Mientras el panorama político agudiza sus tensiones por la irrupción de nuevos candidatos, el binominalismo sigue siendo una parte importante en la agenda temática y está por verse si tienes repercusiones práctica el próxima 13 de diciembre.

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